Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que pasan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cosas que pasan. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de febrero de 2011

Cosas que pasan III


Axioma Nº 201


Las personas que usan la palabra impronta más de dos veces en una conversación, alguna vez fumaron porro.




martes, 1 de febrero de 2011

Hola, Don Coso II

Ayer fui a comprar el almuerzo en lo de Don Coso. Y había decidido que no quería averiguar el nombre. Por los comentarios de la parte I de este post me di cuenta de que hay relaciones en las que es mejor no saber nada de la otra persona.

Entonces fui, pedí la comida, y mientras esperaba fui feliz, porque sabía que no era necesario más que eso. No hacía falta saber nada más del tipo.

Conversamos, como siempre; me puse a mirar el diario. Y en eso veo un pibe que salía del baño. Aparentemente se había cambiado allí. Supongo que era uno de los muchachos del delivery.

Y ahí ocurrió la tragedia. El pibe, con la mayor impunidad, dijo:

—Chau, hasta mañana, Dani.

Y el viejo respondió a su saludo muy cordialmente. Tres segundos después vino de la trastienda con mi comida lista para llevar. Y habrá notado mi cara de terror, porque me miró extrañado.

Pagué y me fui. Se llama Daniel. No lo puedo creer. Daniel… no tiene cara de Daniel. ¡Tiene cara de Alfredo!

Nunca lo voy a poder mirar igual. Ahora sé que se llama Daniel y todo el halo de misterio que tenía alrededor desapareció repentinamente… y ahora hasta parece que fuera mugre que flota a su alrededor. Ya nada va a ser igual.

Ayer la comida tuvo otro sabor… claro que pedí unas empanadas que nunca había comido y puede ser que el sabor diferente se deba a eso; pero yo no quería saber tanto. Si lo encuentro al pibe del delivery lo mato por mal tipo.




PD: Ahora que lo pienso sería bueno averiguar si Don Coso tiene dos nombres. En ese caso Daniel siempre va como buen segundo nombre de Alfredo. Alfredo Daniel. Suena a rotisero. A tipo que sabe hacer un locro.

jueves, 13 de enero de 2011

Hola, Don Coso

Usualmente voy a una rotisería que antes quedaba en la esquina de casa y que ahora se mudó pero me sigue quedando cerca.


El viejito que atiende es muy macanudo y verdaderamente te trata muy bien. Sabe qué empanadas me gustan; sabe que el sándwich de milanesa lo prefiero sin tomate y sabe que me gusta ojear el diario mientras espero el morfi. Sabe dónde vivo y sabe que tengo algo que ver con algo que se llama Difícil que el Chancho Chifle (no sé si sabe exactamente qué es, pero siempre me pregunta si el chancho chifló).

No es la rotisería más barata del mundo, pero por la buena onda, lo rica que es la comida y lo cerca que queda, me gusta ir y charlar un rato con el viejo. Incluso el otro día ya había cerrado y abrió el local sólo para mí, porque soy habitué.

Hace un año, más o menos, que compro ahí. Pero el problema es que no sé el nombre del viejo. Y ya ha pasado tanto tiempo que me da cosa preguntarle cómo se llama. Siento que toda nuestra relación se vendría abajo y que la comida ya no tendría el mismo gusto.

Además, pienso que si lo empiezo a llamar por su nombre seremos demasiado amigos y ya no podré volver a comprar comida en otro lado.

Por suerte tengo el diario ahí, así hago como que me interesa lo que dicen las noticias y puedo disimular un poco que no sé cómo se llama.





PD: Tiene cara de Alfredo.